A menudo se escuchan entre los padres estas fatídicas palabras que vislumbran un desencanto general a nivel familiar. Suele ser motivo de discusión y lagrimas por algo que en su día empezó con cierto encanto e ilusión, más o menos con 7 años de edad cuando todo lo desconocido es interesante y se aprende a disfrutar la música en primera persona.

Las clases de lenguaje musical son el inicio y la célula generadora de conocimiento, de participar en actividades colectivas, audiciones conciertos, descubrir un lenguaje de signos que nos ayudan a comprender la música, a vivirla y a interiorizarla. Todo desde la entonación, base del entendimiento musical.

Pero si la música atrapa a toda persona ¿qué ocurre para que un alumno no quiera ir a clase?

La respuesta puede tener varios factores decisivos tales como que el niño se encuentre que sus amistades posiblemente no pertenezcan a este mundo tan sacrificado o peor que estas ya hayan abandonado para tener tiempo libre para otras cosas, sobre todo lo relacionado con lo social así como también justificado en los estudios cada vez más difíciles y más cuando no tienes claro tu futuro. Pero este articulo no esta dirigido a este tipo de problema tan de moda actualmente, sino a lo que a mi juicio como profesora es mas triste todavía, que personas que les gusta la música se bloqueen y no puedan seguir en los estudios por que suspenden la asignatura de lenguaje musical. Alumnos que según sus tutores son buenos con sus instrumentos que muestran una sensibilidad especial y sin embargo en lenguaje musical son un autentico desastre en alguno de sus cuatro apartados (entonación ritmo teoría y audición). Sobre todo en entonación y los temidos dictados. Y yo me pregunto ¿porqué esto ocurre si el alumno muestra interés por lo menos en el instrumento?

Un simple comentario o una repuesta sarcástica o incluso un chiste mal entendido por parte del profesor o profesora del conservatorio en algún momento de especial sensibilidad por factores externos que seguramente no se sabrán nunca provocan sin querer de manera miserable que el alumno se desconecta de la clase y este solo se da cuenta de que no entiende nada cuando el daño ya está hecho. No sabe como salir de esa situación que le genera tensión nerviosa y los tutores se encuentran con un alumno que en sus clases de instrumento rinde y sin embargo en lenguaje musical no hace nada. Ni respira.

Esta situación se ha podido subsanar a base de reforzar con directrices claras y concisas los conocimientos del alumno. La autoestima del alumno se refuerza a su vez, enseñándole cómo debe de aprender, sintiéndose seguro de su progreso y sobre todo haciéndole consciente de que todos podemos avanzar sin duda alguna. Aclarándole que en clase, no pueden afectarle comentarios externos hasta tal punto que incluso se pase mal en clase por no poder controlar sus emociones. Tartamudeo, entonar peor de lo que realmente se es capaz, incluso no poder articular palabra en clase por miedo a risas o comentarios graciosos. Todo esto se soluciona volviendo a restaurar la confianza alumno-profesor a partir del trabajo desde la base, desde los primeros contenidos, resultados inmediatos, que es lo único que puede ayudar a salir a el alumno de esta situación.

En conclusión las personas que trabajamos con niños y adolescentes tenemos que tener especial tacto con éstos y estar siempre preparados para resolver situaciones diversas puesto que nuestro ego no nos deja ver realidades del aula.

Ánimo a todos los que formamos parte de la educación.

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Mercedes Lucas Martínez
mercedes@mercedeslucas.com

 

 

 

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